martes, 13 de mayo de 2014

La vida de Florence

“Ch ch” se escuchó. les pedí a mis hijas que no se movieran, que ya iba a terminar...
 “¡Ch!” y repentinamente, ya no está, la mujer se fue
. -¿Listo mami?- me dice Katherine.
 Katherine es una niña muy hermosa, tiene cuatro años, es bajita para su edad, pero muy inteligente. Tiene unos bellísimos rizos marrones y grandes ojos pardos, lástima que esté sucia.
 -Sí,¿viste que no duele?- le digo.
 -¿Para qué lo hizo?- me cambia de tema.
 - Cree que puede ayudarnos, a nosotros y a todos- respondo dudosa.
 2 horas antes… 
-Mamá ¿cuándo terminamos?- me pregunta Katherine.
 - Hija, ya sabés que necesitamos comer, terminamos cuando todo el campo de algodón esté vacío- le digo.
-¡Pero!... bueno.
 Pasa un rato y un par de preguntas más de cuando terminamos provenientes de mis hijos, cuando aparece Lily, que estaba llegando de la escuela.
 -¡Mamá, mamá! Toby ¡otra vez!-me grita.
 -¿De nuevo?- digo preocupada.
 - Si, vení- dice y sale corriendo hacia el toldo.
 La sigo. Ese toldo es pequeño, frío y destartalado, también es nuestro hogar, está cerca del campo de algodón porque allí trabajamos
 - Chicos, ustedes también, ya hicimos bastante- le grito a mis otros hijos.
 Voy a ver a Toby, está llorando otra vez. Toby desde que nació, ya hace un año, está enfermo. Se le nota en la cara pálida y chupada y en esos ojos azul marino que te miran sufriendo.
 -Shhhh, ya va a pasar- le digo.
 Lo agarro y lo pongo en mis brazos. Mis hijas me traen la mezcla de hierbas, le doy un poco a Toby que, se calma y se duerme. Mientras tanto aparece en nuestro humilde toldo una mujer desconocida, parece bien cuidada, tiene un peinado voluminoso y ropa de seda, lleva una cámara grande y cara y una gran lámpara. Debe ser reportera.
 -¿Puedo sacarles una foto?- pregunta- Es para ayudar- agrega.
 Me brinda una mirada significativa y yo la entiendo.
 Presente…
Con mi hijo en mis manos y mis hijas a los costados, acepto. Lily y Katy se dan vuelta porque una vez escucharon (y creyeron) que las luces de las cámaras te dejan ciego “ch ch” “¡ch!” siento esa luz inmensa sobre mi cara. La mujer desaparece y le explico a mi hija por qué nos sacó la foto.
Pasan los días, no vuelvo a ver a la misteriosa mujer. Toby sigue empeorando, ya no puedo trabajar porque lo tengo que cuidar. No sé que tiene, no sé qué hacer, estoy muy preocupada.
 Un día unas personas vinieron
 -Somos de una asociación que ayuda a gente en su estado- me dice una mujer alta y rubia. Me llama la atención lo limpia que está. Parece seria y formal pero tiene una mirada dulce.
 -¿Saben de medicina?- pregunto desesperada.
 - Sí, señora- responde.
 Y trae a un joven doctor, le cuento el estado de mi hijo menor.
 Después de horas de espera me dan el resultado.
 -señora; su hijo es celíaco, eso quiere decir que no puede comer ninguna comida que tenga gluten- me dice. Me largo a llorar, además de no tener comida, la que tengo no se la puedo dar a mi hijo, una gran depresión me invade.
 Pero desde ese día las cosas cambian, esta gente nos viene a ayudar y nos da comida, incluyendo la comida especial de Toby, hasta podemos tener un pequeño ahorro. Las cosas están cambiando, la sociedad se está acomodando.
 Finalmente todo el sufrimiento termina, tenemos casa y comida, no es la gran vida pero yo la aprecio mucho, Toby se ve mucho más sano y feliz. Nuestras vidas mejoraron, mis hijos ya no tienen que trabajar. Espero que ni mis hijos ni mi esposo ni yo tengamos que pasar por esto nunca más.

1 comentario:

  1. Muy bien, Dani, aunque todavía hay algunos errores de tipeo y acentuación.

    ResponderEliminar